miércoles, 9 de febrero de 2011

Lograr pensar una escena perfecta, es anhelar una utopía casi utópica; soñar con ilusiones oníricas sin dormir; compartir tu cariño con todas y todos los que te rodean sin dejar a nadie sin un pedacito de tu calor; contemplar un atardecer esperando que no oscurezca; una lluvia sin querer mojarse, es decir, sin desear disfrutarla. Cuando tu mente imagina esa escena perfecta lo único que hace es deformar ese momento maravilloso que esta por venir, desvirtuarlo con peticiones agradables; lo que hace especial la escena perfecta es la espontaneidad de un beso, de un abrazo, de una flor, de un regalo, de una lluvia, de un toque, de un amor. La escena perfecta se construye desde tu corazón, es inevitable alguna vez pensarla, pero es preciso que se elija por el momento y no por tu mente. 
Pensar darle una flor arrancándola del pasto en un día maravilloso, será igual de lindo que arrancar una flor sin verla en un día de lluvia en la que apenas puedas ver a tu amor a través de las gotas, dándote cuenta que eso que das no es una flor si no tu corazón.